El escritorio de la trastienda

El escritorio de la trastienda

martes, 2 de septiembre de 2014

Corazón se escribe con C



La pequeña Isabel rebusca en su caja de lápices, intentando encontrar el color perfecto. ¡Qué gran regalo el día de su cumpleaños! Todos tan vivos, tan brillantes, deseando deslizarse por una hoja en blanco. Y cuando lo encuentra, traza una línea recta en el papel mientras saca la lengua, porque es una tarea muy complicada. ¡Qué difícil es dibujar una línea recta!

Cuando acaba mira la hoja de papel y frunce el ceño. No le ha salido muy bien. Sin duda alguna no es una línea recta, sino una línea curva. Y al principio no está muy satisfecha, pero cuanto más la mira, más le gusta. Al principio se parece a la ceja de su madre cuando está enfadada con ella. Pero si le da la vuelta, es igual a la sonrisa que le dedica todas las mañanas. ¡La más bonita que ella ha visto! Si la pone de lado, se parece a una C, la letra por la que empieza un montón de palabras que le encantan.

Chocolate empieza por C, y a ella le gusta. Cuando ayuda a su madre a hacer palmeras, la mejor parte es cuando las sumergen en aquel oscuro líquido que está tan rico. Y cuando acaban, no hay nada como chuparse los dedos. Entonces se miran y se ríen.

Correr también empieza por C, y a ella le encanta ir de arriba abajo cuando van al parque. Su madre le dice que tenga cuidado, no se vaya a caer. Pero cuando siente el viento a su espalda, abre los brazos e imagina que la levantará del suelo y será capaz de volar como un pájaro.

Cariño también empieza por C, y ella adora dárselo a su madre todos los días. Y cuando su madre sonríe y la abraza, ella siente su cariño, pero con C mayúscula, pues es un sentimiento que no se puede escribir de otra forma.

Corazón también empieza por C, y ella ama dibujarle corazones a su madre. Y dentro de aquellos corazones, siempre escribe: “te quiero”. Y su madre cuando los ve se la come a besos. Además, corazón se dibuja con dos C boca abajo y una V… ¡Es una palabra perfecta!

Entonces vuelve a rebuscar entre su caja de lápices, buscando el color perfecto para dibujar un enorme corazón. Y cuando por fin encuentra el lápiz rojo, coge otra hoja de papel e intenta dibujar el corazón más grande que jamás haya hecho. Y vuelve a sacar la lengua porque está muy concentrada.
Pero pronto se da cuenta que aquel enorme corazón que intenta pintar no cabrá en aquella pequeña hoja de papel. Entonces se pone muy triste, porque piensa que no podrá dibujar el corazón tan grande que su madre se merece. Y mira alrededor de la habitación buscando algo que se un mucho más grande que una hoja de papel. Y cuando lo encuentra, sonríe. Ha visto una enorme pared blanca donde sin duda podrá pintar un hermoso corazón.

Empieza muy contenta a dibujar con su lápiz rojo en la pared, pero pronto se desanima. El lápiz es muy pequeño y le tiene que sacar punta constantemente. Además así tardará toda la vida en dibujarlo, y no tiene tanto tiempo. Su madre pronto la llamará para la cena y ella quiere sorprenderla antes. Necesita sin duda algo más grande para dibujar, y vuelve a sonreír cuando da con la solución.

Cuando comprueba que no la ve, se cuela en el cuarto de baño de su madre y tras rebuscar, encuentra su lápiz de labios rojo. ¡Tiene el color perfecto para dibujar un corazón! Y emocionada vuelve a su habitación y empieza a pintar un gran corazón rojo en la pared. Y dentro de aquel corazón escribe: “¡Te quiero mucho!”

Entonces escucha como su madre entra en la habitación y le dice que la cena está lista. Pero no acaba la frase, e Isabel se da la vuelta sonriendo, porque está segura de haberla sorprendido. Pero su madre la mira con una C sobre su ojo, y la niña sabe que está enfadada. Baja la cabeza y se mira los pies, mientras le dice a su madre que ese era el único sitio donde podía dibujarle un corazón tan grande, con sus dos C boca abajo. Y cuando vuelve a levantar la cabeza, la C del ojo de su madre ha desaparecido. Ahora sólo hay una enorme y hermosa C en su boca mientras sonríe a su pequeña. Y después de abrazarla con un cariño con C mayúscula, juntas se ponen a mirar el gran corazón.

Después de cenar, su madre le dice que mañana las dos tendrán que volver a pintar la pared de blanco. Y también le dice que la próxima vez que quiera dibujar un corazón, lo haga en una hoja en blanco. Luego ellas lo cogerán y se imaginarán que es el corazón más grande que existe. Isabel sonríe y asiente, y luego dice: “¡Y después haremos palmeras de chocolate!”. Y las dos se miran y se echan a reír…



sábado, 14 de diciembre de 2013

Un par de viejos zapatos



Un par de viejos zapatos discutían
En un viejo armario abandonados
Y después de estar juntos toda una vida
Decidieron que era el momento de dejarlo

Y dejaron de hablarse aunque seguían juntos
Pues tenían entrelazados sus cordones
Sólo de vez en cuando un reproche en un susurro
Y algún zapateo de despecho en ocasiones

Un buen día su dueño deshizo el nudo
Sacándolos al fin de su obligado encierro
Y decidieron que por su lado iría cada uno
Al menos mientras durase aquel paseo

Pero a cada paso que daba su dueño
No podían evitar cruzar sus miradas
Y en ellas no había reproches ni despechos
Si no una triste nostalgia

Y cuando terminó el paseo se juntaron
Y al fin se volvieron a hablar
Pues durante ese tiempo habían pensado
Que nunca más separados querían estar

Y su deseo se vio cumplido
Cuando al cubo de la basura fueron a parar
Que aunque eran viejos se tenían cariño
Y se querían de verdad


Soñar con las estrellas



Brillan los ojos mientras mira las estrellas
Y alarga la mano en un gesto soñador
Y aunque sabe que su luz no es eterna
Cuando el ya no exista seguirá brillando su fulgor

Pues siempre habrá alguien que ocupe su lugar
Creyéndose capaz de alcanzarlas con sus manos
Sin saber aún las lágrimas que derramará
Cuando sea consciente de su propio engaño

Y se pregunta si es acaso suficiente razón
Para que decida cesar en su empeño
Cuestionando la fortaleza de su corazón
Que se rompe todos los días persiguiendo un sueño

Pero aún así las mira entornando los ojos con cariño
Y una lágrima resbala por su mejilla
Logrando capturar en ella su brillo
Recordándole lo hermoso que es soñar en la vida






Dulce desorden



Dejarme mecer por la suave brisa y soñar
Mientras el sueño sea dulce, ¿y qué es si no?
Pues no duele, ni es amargo, ni tampoco cierto
¿Qué es entonces aquello que a mi imaginación hace volar?

Risa y rima
Ambas etéreas y musicales
Ambas dulces y sentimentales

Endulzando los oídos
Alegrando el alma
Regalando los sentidos
Que su belleza atrapa

Miles de ideas en una cabeza en desorden
¿Y qué es el orden?
Un montón de lógicas razones
Ordenadas, eso sí,
Y dispuestas a romper miles de corazones

El árbol



Creció en medio de un campo desolado
Y sus raíces surgían de bellos pensamientos
Ramas de dulces versos afortunados
Y hojas de verdes y puros sentimientos

El otoño arrancaba aquellas hojas de sus ramas
Y las repartía generoso mecidas por el viento
Inundando de alegría y ternura el alma
Deteniendo en un precioso instante el tiempo

En invierno daba leña al solitario corazón
Y el humo de su fuego perfumaba los recuerdos
El crepitar de sus llamas servía de inspiración
Para crear los más hermosos y cálidos versos

En primavera sus raíces cosechaban todo el amor
Que abonaba aquel campo que antes estaba desierto
Y florecían de nuevo sus ramas con pasión
Haciendo que aquel árbol fuera eterno

En verano aquel campo ya era un bosque
Que daba sombra a la más bella creación
Un millón de almas que ya no están solas por la noche
Pues han encontrado cobijo en el amor