El escritorio de la trastienda

El escritorio de la trastienda

domingo, 30 de diciembre de 2012

El artesano



            Fabricaba sus pipas de manera artesanal, por eso cada pieza era única. El brezo pulido que sostenía de manera firme no era un trozo de madera inerte, si no un ente lleno de vida, y sus vetas se asemejaban a las venas por las que transcurrían años de sabiduría y voluntad frente a la adversidad y la inclemencia.

            Cuando no era más que una raíz pesada e informe, él era capaz de desentrañar su alma y su propia esencia torneando poco a poco el duro material, devolviendo a la vida algo que había permanecido enterrado, no sólo bajo la tierra.

            La mezcla de Burley aromatizada era desmenuzada por sus experimentados dedos que después dejaban caer la dorada hierba en la cazoleta de forma delicada. Una capa más suelta primero y después otra que con ayuda de sus pulgares era prensada armoniosamente girando la pipa lentamente hasta que la superficie presentaba un aspecto uniforme. Luego acercaba la cerilla y aspiraba varias veces sin demasiada vehemencia, hasta que dicha superficie se iluminaba con un resplandor rojizo. El atacador recorría circularmente la mezcla, ahora ligeramente blanquecina y un pequeño golpe desechaba las hebras que debían desprenderse, y así se daba de nuevo vida a algo que antes no la tenía.

            Las volutas de humo se elevaban dibujando arabescos en el aire, y si miraba a través de ellos, la realidad se difuminaba a la vez que el embriagador aroma inundaba sus sentidos. Es entonces cuando todo lo que le rodeaba dejaba de existir, y el artesano podía modelar el mundo a su gusto…

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